A través de los años, los venezolanos se han ganado sus vidas con el trabajo personal. Sean del tamaño que fueren sus negocios e industrias, desde los más pequeños talleres familiares hasta los medianos o grandes, sin excepción, están viendo seria y gravemente afectadas sus vidas y sus quehaceres por una sola causa: la incapacidad del gobierno del presidente Hugo Chávez Frías.
La incapacidad, sí, en primer término, pero además de incapacidad, el empeño de destruirlo todo y de someter todo a su poder discrecional. Ni una hoja puede moverse en Venezuela si no lo ordena el Presidente de la República. La discrecionalidad presidencial, ese poder sin control y sin límites que ejerce con exhibicionismo autoritario, es una fuente de inestabilidad no sólo económica y social, sino emocional de los venezolanos. Cuando el Presidente anuncia o concreta sus visitas, la gente tiembla porque alguna arbitrariedad se le va a ocurrir para demostrar su poderío o castigar a quienes son capaces de vivir sin el control del Estado.
El Gobierno ha hecho de la mentira una política de Estado. Suben y caen vicepresidentes y ministros como si el Ejecutivo fuera una montaña rusa, y la gente, atónita, se pregunta hasta dónde nos llevará este desmadrado desorden. Ya se acepta en el Gobierno la posibilidad de colapso a que estamos condenados por la crisis del Guri y las centrales termoeléctricas, pero, no obstante, busca que los cubanos le hagan el milagro.
Cuando Colombia ofrece vender electricidad a Venezuela, entonces Eías Jaua la rechaza y otro ministro dice que es una maniobra mediática. Carentes de respuestas y sin honestidad para reconocer el dilema, apelan a lenguajes violentos o excusas poco serias. Entre tanto, las regiones de occidente padecen largos apagones.
Ecuador también ofrece vendernos electricidad y, juntos, Ecuador y Colombia, podrían contribuir de manera notable a la solución de la grave emergencia. En esta ocasión el Gobierno no respondió con la tontería de que era “electricidad oligárquica” o una maniobra mediática.
Con precipitación y nerviosismo, están empeñados en crear “un cinturón eléctrico” en la capital. Obviamente, no será suficiente para quienes trabajan y se ganan la vida con su esfuerzo. Con buena voluntad la ciudadanía se ha comprometido en el ahorro de energía, pero la respuesta oficial es la represión y el anuncio de castigos, que sólo sirven para enmascarar un alza desmedida de las tarifas; altas tarifas de agua y de electricidad para castigar a otros del gran fracaso.
La mente de quienes controlan el Gobierno no está orientada a resolver los problemas económicos, sino a agravarlos. Luego de que redujeran la jornada laboral con la excusa del ahorro de electricidad, a numerosos empleados públicos los obligan a usar su tiempo libre en tareas de entrenamiento militar. Los adiestran en el manejo de armas, les lavan el cerebro con consignas y papeles importados de La Habana. ¿Para qué tanta preparación militar?
Desde luego que no es con las armas como se van a resolver los problemas de agua, electricidad, inseguridad, salud, escasez de alimentos. ¿Prepara el Gobierno mayor represión? ¿Están calculando, acaso, que la creciente impopularidad los obligará a crear ejércitos de milicianos irregulares? ¿Por qué no se pone a la gente a rendir en tareas de paz y de bienestar? ¿Por qué se comprometen más los recursos en compras extravagantes de armas?
Aumentan los secuestros en todo el país hasta el extremo de que atormentan a poblaciones enteras. El Gobierno, indiferente, parece complacerse ante el drama que aflige a esas familias. ¿Es incapaz el Gobierno o es, sencillamente, indolente? Mientras más militariza el Gobierno a la sociedad y mientras politiza a los cuerpos de seguridad, la delincuencia estalla.
El momento que atraviesa Venezuela y las tendencias autocráticas gubernamentales han sido objeto de advertencias por parte de presidentes electos en América Latina. Difícilmente escaparán del cumplimiento de los principios que norman las relaciones entre los pueblos. Los debates que han tenido lugar en la OEA han sido suficientes para desenmascarar al régimen.
¡Por el retorno del Estado de Derecho!
¡Por el respeto a los estudiantes de todo el país!
¡Por ministros competentes para afrontar la grave crisis de la nación!
Movimiento 2D /Democracia y Libertad
Caracas, 21 de febrero 2010
Juanes en la lista roja
Juanes ingresó al mundo de los conspiradores internacionales y “de los aliados de la oligarquía que pretende derrocar la revolución bolivariana”. Un chiste virtual y las discretas declaraciones de solidaridad del cantante colombiano con los jóvenes venezolanos indignaron al régimen y a los áulicos que lo consideran intocable.
Como Juanes, otras siete grandes figuras de fama mundial también han criticado los métodos antidemocráticos del régimen “revolucionario”. Lo han hecho a sabiendas de que el “socialismo del siglo XXI” los vetará y les impedirá el ingreso a Venezuela. El cantante que se atrevió a ir a Cuba y a llevar una palabra de tolerancia y de paz es ahora fulminado por los cancerberos del oficialismo.
En este caso, como en prácticamente todos, la respuesta roja ha sido tan cursi y tan violenta, que da pena. Todo el que dice media palabra es un conspirador, un aliado de la oligarquía y del imperio. ¿Por qué tanto miedo? ¡No hay peor compañía que el miedo!