El Movimiento 2D / Democracia y Libertad retorna a la vida pública después de la pausa de Navidades. Regresamos conscientes de la tarea que nos espera en 2010, año bicentenario de la gesta independentista del 19 de Abril, y paradójicamente un año de tan graves problemas y desafíos que pareciera negar que estemos próximos a cumplir los 200 años de independencia. Mientras en todos los países de América Latina comienzan a celebrarse aquellas jornadas con la necesaria comprensión de su gran significado, en el país que dio el primer grito por la libertad, el Gobierno de la llamada revolución bolivariana guarda silencio, como si quisiera borrar aquellos episodios. La mediocridad, la ignorancia y la discriminación parecen ser las respuestas.
Es una mala jugada del azar que los 200 años de independencia sorprendan a Venezuela en un momento de crisis sin precedentes. Una doble crisis política y social. La crisis política está determinada por el desconocimiento del Estado de Derecho y la vulneración sistemática de la Constitución de 1999; por el divisionismo implantado por el régimen bolivariano, por su obstinación de perseguir a quienes piensan distinto, de apoderarse de todos los recursos del Estado, de silenciar a los demás, de aturdir a la nación con un mensaje monótono y de imponer, finalmente, sus dogmas anacrónicos.
La crisis social es tan profunda que puede asegurarse que no conoce precedentes. El Gobierno de la revolución bolivariana ha dedicado sus once años a la tarea de destruir todo lo que a lo largo del proceso fue creado. Con la obstinación de implantar el comunismo, el Gobierno se dedicó a la expropiación y a la confiscación de innumerables industrias y fundos agrícolas, y a través de legislaciones ilegítimas, aprobadas por una Asamblea Nacional incondicional, a transformar el sistema consagrado en la Constitución por un remedo del vigente en Cuba durante medio siglo, al tiempo que en la isla caribeña no pueden disimular su trágico fracaso.
El país del petróleo llega a los 200 años de existencia a oscuras. Este año estaremos sometidos al racionamiento más severo que podamos imaginar. Nuestra vida cotidiana y nuestro trabajo serán afectados gravemente. No se trata del fenómeno del Niño ni del cambio climático, como quiere venderlo la propaganda oficial. Se trata simplemente de la incapacidad del Gobierno. Grandes recursos fueron aprobados para el desarrollo eléctrico, pero no llegaron a su destino. Los recursos para mantenimiento fueron desviados. En suma, nos esperan días de oscuridad, como en la época del país sin petróleo.
A la crisis de electricidad se añade la crisis del agua. Grandes comunidades ya no la reciben. Otras la tienen racionada, pero según los técnicos las perspectivas son pesimistas. El Gobierno es incompetente, incapaz y ha preferido malversar los recursos públicos. Ni el problema de la generación de energía ni el del agua se resuelven de la noche a la mañana, y este es el balance de once años de mal gobierno. Nos espera el purgatorio.
A 200 años de país independiente, Venezuela importa 70% de los alimentos que consume. Este dato basta para enjuiciar al Gobierno de la revolución bolivariana y, en primer término, al Presidente de la República. Esta es la consecuencia de la destrucción del aparato productivo. El Gobierno malbarata las divisas de la nación en la compra de alimentos en el extranjero. Doble delito. Es el resultado de la implantación a juro del llamado “socialismo del siglo XXI”. De farsas como la “Arepera socialista”, en la que despachan empleados públicos como operarios. Un artificio demagógico inconfesablemente costoso. Su administración es clandestina.
Los 200 años de independencia sorprenden a Venezuela en medio de una crisis moral de implicaciones impredecibles. La grave situación de los bancos y los “banqueros” que gozaron de protección oficial durante años ilustra la profundidad de la crisis. Cayeron los de afuera, pero no los del “circulo íntimo”, aquellos que hicieron posible las insólitas operaciones. El país no debe esperar que la verdad sea dicha. Tampoco rectificaciones en la rendición de cuentas. El Gobierno, desde Pdvsa hasta las “areperas socialistas”, jamás será transparente. La razón es simple, se creen los amos, y en nombre de la revolución todo lo justifican y amparan. Para los bolivarianos, la moral es un concepto pequeño burgués.
Frente a un panorama de destrucción, frente a un régimen sin destino, la responsabilidad es inmensa. Este es el grito de 2010. No será un llamado al Gobierno, porque es inútil. De lo que suceda de ahora en adelante será incuestionable la responsabilidad de la sociedad democrática, de todos los sectores de la nación obligados a detener la destrucción de Venezuela y su transformación en dependencia cubana, en autocracia personalista y en tierra de persecución permanente.
Sólo hay un camino que se abre a todos y es el de la unidad. Es la hora de concertar y de coincidir. Venezuela cifra todas sus expectativas en la elección en septiembre de una Asamblea Nacional que asuma sus prerrogativas de poder legislativo y rescate la dignidad de un poder del Estado. Una Asamblea, en fin, que le pida cuentas al Presidente de la República y lo obligue a gobernar dentro de la Constitución. El grito que retumbará en Venezuela a lo largo de 2010 será el grito de la unidad.
¡La unidad a toda costa!
¡La unidad para rescatar a Venezuela!
¡La unidad para hacernos ciudadanos de una nación libre!
|