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Rendición de cuentas y compromisos para el año de la Independencia

Lunes 30 de Noviembre de 2009
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El 19 de abril de 2010 celebraremos los 200 años de la Independencia. Abordaremos las jornadas de ese bicentenario con el criterio abierto y plural de la sociedad democrática que las asumirá sin complejos, frente a la posición del Gobierno, que no cesará en su obstinación de mutilar y deformar el proceso histórico. Nadie se extrañe si al Presidente de la República lo oímos decir que los miembros de la Sociedad Patriótica fueron precursores de la Quinta Internacional Comunista.
Al culminar nuestras tareas de 2009 queremos presentar un informe sucinto y una reiteración de nuestros compromisos, así como de nuestra fe sólida en la capacidad de los venezolanos y en su decisión de preservar la libertad y la democracia.       

1. Hace un año, ante las elecciones regionales, nos sumamos a la celebración del “coro de las millones de voces que el 23-N entonaron sus cánticos de democracia, de libertad, de participación política y, por encima de todo, por la singular demostración de la conciencia ciudadana de todos los venezolanos que ese día memorable ratificaron que no ha sido en vano el ejercicio del sufragio”, que es a través del voto soberano expresado por el pueblo y debidamente respetado por las instituciones, como la democracia puede estabilizarse, profundizar sus reformas y avanzar hacia un destino de equidad y tolerancia. Esto pensamos, y así quedó escrito.
No obstante, la respuesta del Presidente de la República no fue otra que el desbordamiento y la perversidad del proyecto socialista bolivariano. Así lo recogimos en nuestras páginas de cada domingo: la inconstitucional enmienda que instituyó la reelección indefinida es la más visible de las  imposiciones que siguen adelante con la anuencia de la Asamblea Nacional y la complicidad de los otros poderes e instituciones del Estado, pese al rechazo expresado por los venezolanos.

2. Terminamos el año con datos que confirman los peores pronósticos sobre el destino al que nos conduciría la política económica socialista, si a esta anarquía se le puede llamar “política”. El todopoderoso Estado petrolero se ha convertido en un esqueleto en ruinas, endeudado y corrompido; un peso muerto para la sociedad. 
A la confiscación se le llama “rescate de tierras”, un artificio verbal que no logra ocultar el efecto destructivo de la invasión de propiedades productivas, trabajadas por miles de venezolanos que dedicaron su vida a las labores agrícolas y pecuarias, a diferencia de los agitadores del bolivarianismo o del marxismo enmascarado cuyas frentes no han visto jamás una gota de sudor porque nacieron y crecieron bajo la fronda parasitaria.
A once años de la “revolución alimentaria”, importamos 70% de los productos agrícolas y de los alimentos que consumimos. El erario público se desangra mientras importamos lo que aquí producíamos y debemos producir. La dependencia sin precedentes de los ingresos petroleros, acompañada por la sangría de la industria, ha convertido a la empresa estatal en deudor moroso que se ve  precisado a buscar créditos para financiarse y, no menos grave, a garantizar las “alianzas estratégicas” de la revolución con la hipoteca de la producción futura.

3. Lo que padecemos no es sólo la grosera incapacidad evidenciada en proyectos muchas veces anunciados y nunca materializados; no es únicamente la corrupción rampante; tampoco es sólo la impunidad que ha convertido a Venezuela, tristemente, en referencia internacional de criminalidad desbocada; no son exclusivamente los efectos de una versión tropical potenciada de la enfermedad holandesa y el petro-estado; no es mera ineficiencia ni grotesca negligencia. Nunca la salud había afrontado una crisis como la de ahora, ahogada en la demagogia y en los “milagros” importados de Cuba. Nada ha resultado un fracaso tan grande como la exportación de la revolución cubana y su implantación en Venezuela. Nos ahoga el olor a moho. Su consecuencia es esta: la destrucción acelerada que pasa ante nuestros ojos y abarca todos los ámbitos de la vida pública y privada en los que el Gobierno interviene, al margen de la Constitución y contra los intereses del país.

4. El delirio geopolítico y “grannacional” del régimen bolivariano ha sido llevado a lo largo de este año a extremos inauditos, lo que ha hecho peligrar la seguridad del país en términos que no está a nuestro alcance conocer. Mientras se reclama a Colombia transparencia en sus acuerdos militares con Estados Unidos, pesan sobre los venezolanos las sombras de los convenios secretos con Rusia, las dudas razonables sobre los compromisos con Irán, los silencios del Gobierno cuando no es capaz de responder sobre el destino de lanzacohetes y, más que todo, la reiteración presidencial sobre su admiración por personajes que tienen en común el desprecio por los derechos humanos y la afición por las prácticas de violencia y muerte. Terroristas rechazados unánimemente por la comunidad internacional encuentran solidaridad en el Presidente de Venezuela. A la inseguridad que mantiene a la población en estado de sitio, se añade esta adoración por la violencia. 

5. El Presidente ha desarrollado aceleradamente, a lo largo de este año, los fundamentos de un discurso belicista, de supuesto alistamiento para la guerra. La gran guerra, para la que ha llamado a prepararse, no es contra Colombia o contra el imperio; es, fundamentalmente, contra los venezolanos, metafórica y materialmente. En una situación de paz y normalidad, de respeto y diálogo, el Presidente de la República es un pez fuera del agua. 

6. Así como el signo nacional ha sido el de violentar la Constitución e imponer su voluntad, el presidente Chávez no ha hecho más a lo largo de este año que erosionar las instituciones multilaterales a través de desconocimientos y manipulaciones, de los más inverosímiles subterfugios. Invocar hipócritamente  el Consejo de Defensa Suramericano o la Unasur y, especialmente, la Carta Democrática Interamericana, no han sido más que fórmulas destinadas a debilitar y desvirtuar instrumentos creados para defender y preservar nuestra soberanía. Al convertir en palcos de boxeo organismos como Unasur, Chávez los desacredita e inmoviliza, condenando al fracaso mecanismos para la unidad y la integración. Es obvio que el Gobierno perdió interés en el ingreso a Mercosur. En ninguno de los países miembros se persigue y se extermina la empresa privada, pues sus protocolos democráticos son más precisos que la Carta Democrática Interamericana. Además, para el gobierno de Chávez, pertenecer a Mercosur sería incómodo.

7. Al aproximarse la Navidad, haremos una escala en nuestro camino. Son o deben ser días para la reconciliación y el diálogo. Habríamos querido que en el país los celebrásemos sin presos políticos ni perseguidos, sin desterrados. En 2010 nos esperan luchas que decidirán nuestra vida en democracia y la estabilidad de Venezuela como país libre y soberano, pacifista y digno de la confianza internacional.
Nuestros votos de felicidad para todos.

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