La campaña para la recuperación de la democracia avanza, no cesa, se mueve con su candidato presidencial, con sus candidatos regionales y locales por todo el país, de casa en casa, para escuchar a los venezolanos y proponer soluciones.
Mientras tanto, de espaldas al derrumbe nacional, en el oficialismo prevalecen otros tipos de campaña. La que entre secretos, conciliábulos y zancadillas libran el candidato y su entorno para prepararse ante los escenarios que ellos mismos han anticipado. La que desde allí han emprendido el caudillo y quienes se sienten con méritos para ser ungidos, en trance de demostrar su liderazgo con los recursos a su alcance: dinero público, promesas repetidas y descalificaciones personales.
Un gobierno momificado, que tan pobre y ruinoso balance puede exhibir tras trece años de dilapidar los recursos y apoyos que ningún otro en nuestra historia soñó tener, no cuenta con contrapropuesta creíble que presentar. No la tiene porque acumula casi tres lustros de sordera y ceguera. No la tiene porque para la revolución bolivariana lo más importante nunca ha sido ni será el bienestar de los venezolanos. Su obsesión ha sido, es y seguirá siendo mantenerse en el poder, ocultar fracasos, ineficiencias y corrupción, cueste lo que cueste a los venezolanos.
La inseguridad, que no respeta hora, día, lugar ni circunstancia, es quizá la mejor ilustración del desamparo del ciudadano común ante un problema que omisiones y decisiones del Gobierno no han hecho más que agravar.
Henrique Capriles Radonski, como candidato de la unidad, presentó en días pasados su propuesta de seguridad. Lo ha hecho con perspectiva integral que contempla el cuadro completo del problema y con la seriedad que amerita esta preocupación compartida por todos los venezolanos. Entre 1998 y 2011 –recordó el candidato al presentar su plan– fueron asesinados entre 153.000 y 159.000 venezolanos; la tasa de homicidios por 100.000 habitantes pasó de 19 en 1998 a 64 en 2011; cada 30 minutos muere un venezolano, y cada 8 horas otro es secuestrado.
Ante tal tragedia, tenemos derecho de preguntarnos: ¿de qué lado está el Gobierno que no ha sido capaz de detener la espiral de violencia que nos desangra? La respuesta es precisada por Capriles cuando denuncia y se compromete: “Como presidente no me voy a entender con los pranes. O manda la delincuencia o manda el Gobierno”. El plan que presenta el candidato, a diferencia de los casi veinte que acumula el Gobierno, es digno de credibilidad porque ha sido fruto de la genuina preocupación por el problema, amplia consulta con expertos y franca disposición para echar a andar una estrategia de corto y largo plazo que toca muy maltratados aspectos materiales, culturales e institucionales de nuestra vida como sociedad.
El enésimo plan de seguridad del Gobierno no tiene credibilidad alguna porque sus promesas repetidas en esta materia, como en todos los problemas fundamentales del país, no se compadecen con sus acciones. Tampoco la tendrán otras propuestas de mayores alcances, como la que se anuncia para los próximos días como Plan Simón Bolívar 2013-2019. Por lo que el Presidente ha dado como pistas, tiene en mente hacernos una potencia, fortalecida en su poder defensivo, sustentada en un modelo no rentista y no capitalista, seremos una gran sociedad. Es decir, el mismo de hace trece años anticipa más de lo mismo que ha debilitado la presencia y respetabilidad internacional de Venezuela, que ha aumentado nuestra vulnerabilidad ante amenazas internacionales de viejo y nuevo cuño, que nos ha hecho más dependientes que nunca del ingreso petrolero y que nos ha fragmentado como sociedad, asediada, además, por la violencia. En suma, no es verdad, así de simple, lo que ha proclamado en estos días el jefe del Estado: “Para no perder la independencia es vital conservar el poder”. Al contrario, todo lo contrario: la independencia de los venezolanos, individualmente y como país, ha sido gravemente vulnerada por este gobierno.
De sus planes de desarrollo previos, aparte de la mayor concentración del poder, ¿cuál es el balance de progreso, seguridad, bienestar para los venezolanos? Esa es la pregunta que un gobierno con sentido de responsabilidad ante sus electores debería hacerse antes de insistir en más de lo mismo.
La opción democrática está identificando soluciones para salir de nuestro atolladero de rezago, inseguridad y malestar con una propuesta plural, institucional y no personalista ante la cual el oficialismo, empeñado en el poder por el poder, no tiene nada que proponer.
¡Por la seguridad de los venezolanos!
¡Por la elección de un gobierno que escuche y se ocupe del país!
¡Por la recuperación de nuestra independencia!
Caracas, 3 de junio 2012
M2D / Democracia y Libertad
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