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El pueblo reclama respuestas sobre las 150.000 toneladas de alimentos dañados

Domingo 04 de Julio de 2010
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Ya es difícil calcular las miles de toneladas de alimentos importados que Pdvsa dejó podrir en los puertos y ciudades de varias regiones. Si esto resulta arduo, calcular el dinero malversado será imposible, a menos que se cuente con recursos de inteligencia que, por ahora, no están a disposición de los sectores independientes de nuestro país. Se trata de una gigantesca operación en la cual intervino decidida e ilegalmente una ministra de la República de Cuba que actuaba como alta funcionaria de Venezuela, giraba instrucciones a ministerios venezolanos y decidía qué, cuánto y de dónde se debía importar. La ex ministra de Comercio Bárbara Castillo Cuesta, número 15 del Comité Central del Partido Comunista, dejó testimonio del intervencionismo cubano en los asuntos internos de Venezuela.

De modo que no se trata sólo de alimentos descompuestos, la política de ambos países también está descompuesta. Los cubanos actúan en Venezuela como no podrían hacerlo en su país. La ex ministra se daba el lujo de darle instrucciones al entonces vicepresidente ejecutivo Ramón Carrizález y al ex presidente de Bariven. Quién sabe si entre las razones del intempestivo retiro del vicepresidente no contó la humillación a que lo sometía el jefe del Estado al instruir a Castillo Cuesta para que le diera órdenes. Es obvio que extralimitaciones de tal naturaleza no se llevan a cabo si no se tiene carta blanca expedida por el Presidente de la República.

Si bien al escándalo de los miles de contenedores con alimentos podridos no se le puede echar tierra como pretende el Gobierno bolivariano, poniendo en práctica su técnica de que un escándalo tapa a otro escándalo, las implicaciones son tan devastadoras que ese propósito oficial sería una ofensa adicional a la nación. No puede quedar impune la incalculable malversación de recursos, ni las miles y miles de toneladas de alimentos perdidos, ni los propósitos de someterlos a tratamientos para “rescatarlos”, como si el pueblo fuera un “conejillo de Indias” al  cual se le puede vender cualquier cosa sea cual sea su estado. Menos aún puede quedar sin sustanciación la vergüenza de una ministra cubana, por más miembro del Comité Central del Partido Comunista que pueda ser, y por más mano derecha de los presidentes Raúl Castro y Hugo Chávez Frías que pretenda, el país reclama explicaciones y castigos.

El Presidente de la República ha tratado de minimizar el escándalo. Ha contado con su táctica del escándalo que tapa al que ha de venir. De pronto apela al magnicidio, o al conflicto con el imperialismo, o a la conspiración que lo quiere derrocar. Nada de esto puede acallar la investigación. No vale la distracción de un poder culpando al otro poder, el juego de la candelita de la fiscal general y el contralor de la República. O la presidenta de la Asamblea Nacional haciéndose eco de la tesis de la “conspiración de la oligarquía”, como si los alimentos fueran para los ricos. Los diputados reeleccionistas guardan silencio. La verdadera conspiración que hay en Venezuela es la conspiración oficial de silencio. El pueblo no se traga ninguna de estas ruedas de  molino. Los escándalos se repiten, pero ya uno no tapa el otro. El país está fatigado de tanta mentira, de tanto fracaso, de tanta incapacidad, de tanta entrega de Venezuela a los intereses cubanos. ¿A quién le responde la ex ministra Bárbara Castillo Cuesta? ¿Al Comité Central? Pero el Comité Central no está bajo la jurisdicción de la legislación venezolana. ¿Por qué el Presidente de la República puso en manos de una ministra extranjera una misión que era de la absoluta competencia de las autoridades venezolanas? No le faltarán oportunidades ni medios para explicarle al país estas graves extralimitaciones. ¿Confió más en una extranjera que en los venezolanos? Es su culpa.

El jefe del Estado ha hecho una defensa del ministro Rafael Ramírez que no ha llamado la atención porque bien se sabe que el presidente de Pdvsa tiene un estatus especial. Es el directamente responsable de la malversación de recursos públicos. Pdvsa es una caja negra, y ahora es Pdvsa socialista, una invención ridícula, tanto como decir que el “petróleo es socialista”.  Hay una sola razón para admitir que Pdvsa es socialista, y es porque se ha arruinado en poco más de cinco años. Es Pdvsa la que aparece en el affaire de los contenedores podridos, y es Pdvsa la que aparece en el affaire de la embajada paralela que el ministro argentino Julio de Vido mantiene o mantuvo en Caracas. Pdvsa socialista. No cabe duda. Endeudada e inoperante. Está endeudada Pdvsa y está cada vez más endeudada la República.

Caracas, 04 de julio de 2010

movimiento 2d democracia y libertad
www.movimiento2d.org

 


 

 

“Te autorizo, Rafael, a que salgas al contraataque”

El 2 de junio el Presidente intentó la defensa del ministro Rafael Ramírez. Estas son sus palabras:  “Uno puede pensar que es descuido, negligencia. Si fuera así, debe haber una sanción, pero pudiera también ser corrupción (...), y viene la burguesía y dice: ‘Es Pdvsa la culpable’. No, no es Pdvsa. ‘Que es Rafael Ramírez el que tiene que salir’. No, no sale Rafael Ramírez del Gobierno. Le doy mi apoyo político y moral”.

El 25 de mayo se hallaron los 1.197 contenedores, con 36.000 toneladas de alimentos podridos. La corporación responsable es la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), subsidiaria  de Pdvsa.

Chávez recordó que le había dicho: “Te autorizo, Rafael, a que salgas al contraataque y que salgan los trabajadores de Pdval al contraataque. No nos dejemos acorralar, que esta burguesía no tiene cómo acorralarnos. Vamos, con su moral, señor ministro, salga y los que tengan que pagar por esto, pues que paguen”.

El Gobierno quiere reducirlo todo a la guerra. Que el Gobierno salga al ataque o al contraataque. ¡Pero debe haber guerra! La paz los desconcierta, la normalidad los ahoga.  Un mes después siguen apareciendo contenedores con alimentos dañados. Pero ni otros escándalos, ni otras mentiras, ni otras truculencias, lo han podido tapar. El Gobierno rojo apostó al Mundial de Fútbol, a la distracción por el gran deporte, pero se engañó. Tampoco el Mundial. Es posible que ahora importe las vuvuzelas desechadas para taparnos los oídos. 

 

 

 

 

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