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La independencia de la República está confiscada, por ahora

Domingo 27 de Junio de 2010
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El Gobierno nacional publicó esta semana en Gaceta Oficial las resoluciones mediante las cuales se establecía el programa para conmemorar el 189º aniversario de la Batalla de Carabobo, día del Ejército y día de fiesta nacional. Básicamente, quedaba resumido en el deber de enarbolar la bandera en edificios y casas, dependencias militares, buques de la Armada, y en declarar puertas abiertas para los museos históricos nacionales.

Sin embargo, lo más destacado de esta fecha conmemorativa, instituida por el coronel Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno, a través de un decreto, en el año 1949, ha sido la ausencia, en esta ocasión, del acostumbrado acto central y desfile militar a cargo de la Comandancia General del Ejército, que tampoco se hará, por cierto, el 5 de julio próximo, según anuncio del teniente coronel, presidente de la República, Hugo Chávez Frías.

No nos llamemos a engaño, este no es el inicio de nuevas formas de “civilidad” en Venezuela para conmemorar fechas patrias. Lo que ocurre, en pocas palabras, es un problema de confianza del Presidente frente a subalternos. Esta es la razón esencial que lo ha llevado a suspender los desfiles militares del 24 de junio y del 5 de julio, pues sabe del malestar en la Fuerza Armada Nacional, que no es más que el reflejo de la reacción colectiva de la nación al estado de cosas prevaleciente. En el fondo, el Presidente teme que pueda aparecérsele en cualquier recodo de un acto militar la estirpe de lo que fue una vez la gloriosa Fuerza Armada Nacional.

La supervivencia individual pasa por la destrucción de la Fuerza Armada Nacional, y en ese plan se ha concentrado Hugo Chávez Frías a lo largo de las cuatro etapas que ha puesto en marcha para ejecutarlo:

1) La militarización de la sociedad, efectuada entre 1999 a 2002, en cuyo epicentro encontramos el fracasado Plan Bolívar 2000, génesis de la corrupción típica que acompaña a este régimen.

2) La politización de la Fuerza Armada Nacional, instaurada a partir de 2002, como un método de depuración criminal para detectar oficiales institucionales que se desmarcaron de las tropelías que, en clara violación de la Constitución, cometía y continúa cometiendo el comandante en jefe, y que comenzaron a ser perseguidos y dados de baja.

3) La desprofesionalización abiertamente establecida a partir del año 2005, con la creación de la llamada Milicia Nacional Bolivariana que ha sido utilizada para sustraerle a la Fuerza Armada Nacional el monopolio constitucional sobre las armas de la República.

4) Y la última etapa, en vigor a partir de 2008, la puesta en marcha, con las sucesivas reformas de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, de la destrucción de la Fuerza Armada Nacional, escrita con todas sus letras.

El Presidente declina celebraciones con desfiles militares y simula nuevamente un hecho punible que viene anunciando, por cierto, en los últimos años –especialmente de cara a procesos electorales que le son adversos– cuando reiteradamente indica que existen planes para asesinarlo, sin mostrar pruebas u ordenar y adelantar las investigaciones de rigor sobre un delito que, además, es perseguible de oficio y obliga al denunciante, incluso, a rendir declaraciones ante el sistema de justicia en Venezuela. Pero, era de esperarse, éste forma parte de los episodios vergonzosos de la llamada receta cubana que sigue al pie de la letra, sin pudor, el comandante presidente. Y antes que modificar o corregir su conducta, prefiere continuar castigando a la FAN, subordinarla a sus intereses políticos, imponer un nuevo paradigma de celebraciones patrias –el Campeonato Mundial de Softbol Femenino, por ejemplo–, restarle el rol protagónico, que sólo él, en su condición de comandante en jefe, puede tener.

Entramos en el mes de julio, tiempo de ascensos militares en Venezuela por excelencia, y el Presidente sabe que las pasiones humanas, convenientemente manipuladas en torno a expectativas y privilegios, generan los frutos y dobleces necesarios para alcanzar nuevos peldaños en el control del sistema. De allí, los próximos ascensos de un nuevo grupo de suboficiales a oficiales técnicos, para continuar fracturando los pilares básicos de la subordinación y la obediencia en la Fuerza Armada Nacional, lo que terminará por quebrar la institución y por generar reacciones; por eso, el Presidente sólo se reúne con generales –una verdad inocultable en los cuarteles– o con la élite de oficiales de menor jerarquía, que integra su círculo de incondicionales cebados en estos once años y que actúan como generales en el poder.

Saben todos en la Fuerza Armada Nacional que el sainete de gestos y gesticulaciones en cámara a favor de la tropa es meramente instrumental, de allí la conveniente puesta en escena de alocuciones como la del 24 de junio en el patio de la Academia Militar de Venezuela, donde lo único que puede acercársele es el alto mando militar y los acólitos civiles que le acompañan al frente de los ministerios y desde los llamados poderes públicos. El Presidente se aísla cada vez más.

Estamos en una etapa peligrosa de la historia de la República, en la que sólo existe una manera correcta de ver o explicar las cosas: como las ve el teniente coronel Hugo Chávez Frías, y estos no son hechos que ocurran sin consecuencias. La independencia de la República está confiscada, por ahora. 

Caracas, 27 de junio de 2010

movimiento 2d  / democracia y libertad

www.movimiento2d.org


 

El embajador Sadous y la “embajada paralela”

El ex embajador de la República Argentina en Venezuela, Eduardo Sadous, ratificó ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de su país la serie de anomalías ocurridas durante su tiempo de servicio en Caracas. En pocas palabras, la existencia de una “embajada paralela” que ignoraba la representación oficial y era manejada por los mismos personajes que aparecen en las historias del maletín de Guido Antonini Wilson.

Este affaire es mucho más grave. El embajador denunció una red de grandes traficantes que se repartían cuantiosas comisiones para participar en los negocios venezolanos. Textualmente dijo que el presidente Kirchner “estaba al tanto”. Aunque el tango diga “silencio en la noche”, tal vez esto no se quede en el silencio.  

 

 

 

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