El gobierno ordenó el lunes intervenir a puertas cerradas el banco Federal por, supuestamente, estar inmerso en una “grave situación financiera”. Desde luego nadie en su sano juicio puede comprar en efectivo estas tres palabras que lanzó al aire Miraflores para atrapar incautos, y para esconder la verdadera razón por la cual los bolivarianos se apropian de esa entidad financiera. Se trata pues de una mentira podrida como tantas otras que tienen que ver no sólo con Nelson Mezerhane y el Banco Federal, sino con Guillermo Zuloaga y el canal de noticias Globovisión.
Tanto Mezerhane como Guillermo Zuloaga son accionistas de ese canal de noticias tan querido por los venezolanos por su valiente posición crítica y, a la vez, impecable actuación periodística y profesional. Eso es lo que le molesta a la oligarquía militar bolivariana y al entorno de guisadores rojo rojitos que pululan por doquier. Que exista un canal que investigue los sucesivos escándalos de corrupción oficial y que los presente de inmediato a la opinión pública es lo que le quita el sueño a los corruptos, que quieren y desean un mundo poblado de medios de comunicación que nada ven, nada saben y nada critican.
De manera que la guerra que acaba de anunciar el Presidente contra los empresarios nada tiene que ver con la “destrucción de la burguesía” de este país, sino con la existencia de venezolanos que siendo capitalistas no cesan en su defensa de la propiedad privada y no reniegan de la libertad de expresión. Si Mezerhane hubiera depuesto su actitud de no vender las acciones de Globovisión y se hubiera plegado a las exigencias inmorales que desde las altas esferas se le hacían, hoy no estaría arruinado por la represión gubernamental.
Pero como Mezerhane no accedió al chantaje oficial entonces no sólo se le arrebatan sus derechos como ciudadano sino sus propiedades como empresario y banquero. Es una historia tan sucia y podrida como la de los contenedores de alimentos de Pudreval. Al Banco Federal se la juraron desde el atentado contra el fiscal Danilo Anderson y, desde ese momento, comenzó una cadena de mentiras que, si bien tenían un enfoque personal, no era más que una amplia estrategia a mediano y largo plazo para torcerle el pescuezo a Globovisión.
La medida de dictarle auto de detención a Mezerhane no se sostuvo porque era un montaje tan vulgar y mal hecho que se derrumbó por sí mismo, pero no evitó que fuera llevado a prisión a esa especie de Guantánamo socialista en que se ha convertido la sede de la antigua Disip. Desde allí alentó su defensa y logró, luego de vencer todas las artimañas de la justicia chavista, salir en libertad. Pero en el Palacio de Miraflores la herida quedó abierta y sangrante.
Lo mismo sucedió con Guillermo Zuloaga, a quien varios ministros le motivaron a vender sus acciones en Globovisión, y cuando se negó se convirtió a seguirle el juego al Gobierno. Entonces se le inició secretamente una pesquisa tributaria, se le intervinieron todas sus comunicaciones y se le siguieron todos sus pasos como empresario. La idea y la actitud sicótica de los esbirros rojo rojitos era detectar cualquier actividad en la que Zuloaga fuera objeto de una acción judicial que, tarde o temprano, lo llevara a prisión.
Tras ese seguimiento los esbirros lograron detectar unos vehículos importados legalmente por el hijo de Zuloaga. De inmediato armaron un escándalo cuando en verdad esa importación pasó por las aduanas controladas por los funcionarios rojo rojitos. Fue revisada por ellos y se le dio permiso definitivo. ¿Entonces dónde está el delito? Pues en el hecho de que había un Zuloaga en la importación de esos vehículos.
Llegado a este punto, sólo queda preguntarse si alguien es capaz de no darse cuenta de que, en el fondo de esta ofensiva contra Mezerhane y contra Guillermo Zuloaga, no había más que una etapa superior de la destrucción del sector empresarial y de la abolición gradual y progresiva de la propiedad privada. Sin duda que lo es, pero a la vez revela la profunda vocación del Gobierno para mover sus fichas y provocar una situación de hecho en la cual quedaran todos los empresarios desvalidos y a merced del poder de Miraflores.
Que clausuren bancos como el Federal puede crear en la gente, y de hecho la crean, la certeza de que unos forajidos están entrando a saco en los dineros de la gente y que se apropiaran groseramente de esos bolívares. No están muy lejos de la verdad, pues lo que va a ocurrir ahora es una destrucción persisten y demoledora de esos ahorros que los ciudadanos confiaron a la banca, pero que el odio chavista convirtió en aves que vuelan hacia fuera.
Si Goblovisión perece no se olvidará un canal rotundo de información: se perderá la dignidad de los periodistas y de los empresarios que invirtieron en un proyecto de comunicación de la verdad inmediata y urticante, la que necesita para hacer democracia y producir un nuevo país. Este es el punto central de la batalla de la dignidad: no es apoyar un canal o un banco sino de apoyar nuestras más íntimas y urgentes necesidades de libertad y democracia.
Ahora bien, ¿por qué el régimen bolivariano ataca a estos sectores que son tan queridos por los venezolanos? Pues por una inevitable razón: hoy más que nunca las corrientes de rechazo al chavismo se muestran altaneras y esquivas al jefe máximo. El régimen se siente amenazado y puesto en la picota en los sectores populares y en las clases medias. Se siente quebrado, huérfano de la confianza popular y vencido por la rotunda verdad de las realidades.
!Por la libertad de expresión y la propiedad privada!
!Por la verdad cuando se habla de crisis financiera!
!Por la destrucción del terrorismo judicial!!
Caracas, 16 de junio de 2010
movimiento 2d democracia y libertad
www.movimiento2d.org